"Sembrar el aire de lamentaciones", parece el fruto de la mirada del poeta en su viaje estético. Los ciento noventa y cinco sonetos que integran Cosmorama son en el fondo hitos poéticos de un recorrido que, partiendo de lo real, alcanza casi sensaciones místicas. El poeta cumple con la responsabilidad estética, ajustando su quehacer literario a la etimología: ser poietés, creador místico de la realidad que sus ojos físicos contemplan. Es por ello por lo que el paisaje que discurre ante los ojos del lector tiene una vinculación sólo elemental con la materia. Aparecen hitos paisajísticos, descritos con delicado impresionismo, pero sus perfiles forman parte de otra visión esencialmente distinta.
Del prólogo de Nocolás Miñambres
|