"Zoología de los sueños" fue el enigmático mapa que Ramón Villa estiró sobre la mesa. Adolfo no lo dudó y con el cuchillo atravesó el pergamino. Allí, donde los cartógrafos habían abandonado la tarea, comenzaba la aventura.
Este libro que tienes -caro lector, caro veedor-, ha ido creciendo en las recias praderas de Maragatería y en los figones más olorosos de León. El poeta y el pintor, a fuerza de adentrarse en tantos montes, han terminando descubriendo la misma caverna de paredes azules y violetas donde pace la mitología que nos trasciende como individuos.
Ha asistido fascinando a la barahúnda de seres y de ausentes que trotaban entre plato y vaso o que serpenteaban en el vaho de orujo y en las vaharadas de tabaco. Algunas de esas ánimas-animales han sido capturadas y en esta jaula de papel se te ofrecen dóciles y sumisas, casi cómplices. Pueden ser colibríes infectados de concupiscencia, hembras pastoreando lobas, arcángeles de plomo o lluvia en forma de gacela. Pero no te engañes, no te fíes. Así te acuestes, se fugarán en tromba y te retorcerán el alma hasta dejarte hecho una lágrima, una pupila azul acuchillada.
¿Y aún andas preguntando qué es poesía?.
Del prólogo de Jose A. Martínez Reñones
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