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Imagen de LOS REGADÍOS TRADICIONALES DEL NOROCCIDENTE DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

LOS REGADÍOS TRADICIONALES DEL NOROCCIDENTE DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

ISBN 978-84-127043-3-4. Depósito Legal: LE.-247-2023. Tamaño: 170 x 240 mm. Páginas: 630. Impresión: color. Encuadernación: tapa dura. // Nos hallamos ante una obra fundamental para entender el uso que del agua, primer recurso humano esencial, se ha hecho desde que tenemos noticia histórica, bien mediante testimonio escrito o prueba arqueológica, en el noroccidente de la Península Ibérica, y, más en concreto, dado que el autor es conocedor eminente de ella, en lo que hoy se llama provincia de León. El agua como elemento necesario cada día para la vida humana, animal y vegetal es el origen de buena parte de las primeras actividades humanas, pues ella determina el asentamiento y los alimentos. El doctor Junquera, después de un magnífico prólogo de Roberto Matías, doctor Ingeniero en Minas y gran conocedor del uso que los romanos hicieron con el agua para su minería aurífera, hace un repaso histórico absoluto del líquido elemento. Y así se adentra en el agua como la base de la organización del espacio, del poblamiento antes y después de los romanos, de la romanización (época clave para entender todo lo que ha sucedido después, incluso hasta nuestros días), del agua en la repoblación medieval, de los regadíos en la época Moderna y en la Contemporánea, así como de la propiedad y regulación jurídica del agua desde Roma hasta nuestros sistemas actuales... etcétera. Por lo tanto, no es exagerado señalar que todo aquel que quiera adentrarse en el empírico conocimiento de esta materia, tiene en esta obra un eficaz salvoconducto, amén de un aparto bibliográfico impresionante.
35,00€ IVA incluido 33,25€ IVA incluido
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LOS QUE NO SE PERDIERON

ISBN: 978-84-125629-7-2. Depósito Legal: LE-369-2022. tamaño: 170 x 240 mm. Páginas: 316. Impresión: monocroma. Encuadernación: rústica con solapas. // Los que no se perdieron, novela, póstuma de Jaime Einstein Z”L. Un recorrido a través de cinco siglos de Historia de la Península Ibérica, acompañando a ocho familias judías leonesas, que se vieron obligados a dejar atrás sus pueblos, sus casas y el modo de vida que, conocían y practicaron durante siglos viviendo en León. Hasta que el Decreto firmado y aprobado, el 31 de marzo de 1492, por los Reyes Católicos, les coloca en la tesitura de convertirse al catolicismo o ser expulsados de España. Cinco siglos de dilemas, venturas y desventuras escapando de la Inquisición, sorteando estigmas y prejuicios a la par que preservando sus raíces.
20,00€ IVA incluido 19,00€ IVA incluido
Imagen de LOS PUEBLOS DEL BAJO TORÍO (LEÓN) EN EL SIGLO XVIII. Municipios de Garrafe de Torío y Villaquilambre

LOS PUEBLOS DEL BAJO TORÍO (LEÓN) EN EL SIGLO XVIII. Municipios de Garrafe de Torío y Villaquilambre

ISBN: 978-84-126398-5-8. Depósito Legal: LE-50-2024. tamaño: 170 x 240 mm. Páginas: 600. Impresión: cuatricromía. Encuadernación: tapa dura.// ¿Cómo era el Bajo Torío, el territorio que abarcan los actuales municipios de Garrafe de Torío y Villaquilambre, en el siglo XVIII? Es la pregunta a la que pretende responder este libro, a partir principalmente de cuatro fuentes documentales muy importantes de aquel momento histórico: las Respuestas Generales al Real Interrogatorio del Catastro de Ensenada, conservadas en el Archivo General de Simancas, y los Censos de Campoflorido, Aranda y Floridablanca, cuyas fichas originales se conservan en la Biblioteca Nacional (Censo de Campoflorido) y en la Real Academia de la Historia (Censos de Aranda y Floridablanca). Las Respuestas Generales describen de una manera bastante minuciosa a los pueblos del Bajo Torío en un momento muy concreto: entre la segunda mitad del año 1751 y los cuatro primeros meses de 1752. Es una especie de instantánea la que nos aportan, que por abarcar a todos los pueblos y por la variedad de datos que quedaron recogidos, es de un valor excepcional. El Censo de Campoflorido tiene un valor más limitado, pues los datos, correspondientes al año 1712, son solo de la población de cada localidad, con la distinción entre hidalgos y plebeyos. El Censo de Aranda de 1769 es mucho más preciso, ya que incluye datos sobre la edad, el sexo y el estado civil de la población. Es propiamente el primer censo demográfico de nuestra historia, muy avanzado y moderno en sus planteamientos. Lo mismo cabe decir del Censo de Floridablanca, que fue publicado en 1787 para dar continuidad al de Aranda, con datos más precisos y específicos para cada localidad. ¿Por qué los municipios de Garrafe y Villaquilambre? Porque el territorio de ambos municipios, que ocupa la cuenca baja y final del río Torío (el Bajo Torío), desde el medievo constituyó una comarca con personalidad histórica propia y común, muy ligada a la de la ciudad de León. En la plena Edad Media formó parte del alfoz de esta ciudad, y como territorio realengo constituyó el Infantado de Torío, que disfrutaban las infantas, hijas de los monarcas leoneses (de ahí su denominación de infantado). En la Baja Edad media sufrió un proceso de señorialización que fragmentó el antiguo alfoz e infantado en cuatro señoríos: el Valle de Torío, el Infantado de Torío, el Abadengo de Torío y Villaquilambre, de tal forma que el territorio realengo quedó reducido a solo la Hermandad de las Regueras, formada por los pueblos más inmediatos a la ciudad de León. Las reformas liberales del siglo XIX pusieron fin a estas jurisdicciones concejiles, sustituidas por ayuntamientos constitucionales. Los dos creados a partir de 1835, los actuales municipios de Garrafe de Torío y Villaquilambre, se repartieron los pueblos de las antiguas jurisdicciones, muchos de los cuales conservan todavía en sus nombres su antigua pertenencia a las jurisdicciones de Torío o de las Regueras.
35,00€ IVA incluido 33,25€ IVA incluido
Imagen de LOS PUEBLOS DEL BAJO TORÍO (LEÓN) EN EL SIGLO XVIII

LOS PUEBLOS DEL BAJO TORÍO (LEÓN) EN EL SIGLO XVIII

ISBN: 978-84-126398-5-8. Depósito Legal: LE-50-2024. tamaño: 170 x 240 mm. Páginas: 600. Impresión: cuatricromía. Encuadernación: tapa dura.// ¿Cómo era el Bajo Torío, el territorio que abarcan los actuales municipios de Garrafe de Torío y Villaquilambre, en el siglo XVIII? Es la pregunta a la que pretende responder este libro, a partir principalmente de cuatro fuentes documentales muy importantes de aquel momento histórico: las Respuestas Generales al Real Interrogatorio del Catastro de Ensenada, conservadas en el Archivo General de Simancas, y los Censos de Campoflorido, Aranda y Floridablanca, cuyas fichas originales se conservan en la Biblioteca Nacional (Censo de Campoflorido) y en la Real Academia de la Historia (Censos de Aranda y Floridablanca). Las Respuestas Generales describen de una manera bastante minuciosa a los pueblos del Bajo Torío en un momento muy concreto: entre la segunda mitad del año 1751 y los cuatro primeros meses de 1752. Es una especie de instantánea la que nos aportan, que por abarcar a todos los pueblos y por la variedad de datos que quedaron recogidos, es de un valor excepcional. El Censo de Campoflorido tiene un valor más limitado, pues los datos, correspondientes al año 1712, son solo de la población de cada localidad, con la distinción entre hidalgos y plebeyos. El Censo de Aranda de 1769 es mucho más preciso, ya que incluye datos sobre la edad, el sexo y el estado civil de la población. Es propiamente el primer censo demográfico de nuestra historia, muy avanzado y moderno en sus planteamientos. Lo mismo cabe decir del Censo de Floridablanca, que fue publicado en 1787 para dar continuidad al de Aranda, con datos más precisos y específicos para cada localidad. ¿Por qué los municipios de Garrafe y Villaquilambre? Porque el territorio de ambos municipios, que ocupa la cuenca baja y final del río Torío (el Bajo Torío), desde el medievo constituyó una comarca con personalidad histórica propia y común, muy ligada a la de la ciudad de León. En la plena Edad Media formó parte del alfoz de esta ciudad, y como territorio realengo constituyó el Infantado de Torío, que disfrutaban las infantas, hijas de los monarcas leoneses (de ahí su denominación de infantado). En la Baja Edad media sufrió un proceso de señorialización que fragmentó el antiguo alfoz e infantado en cuatro señoríos: el Valle de Torío, el Infantado de Torío, el Abadengo de Torío y Villaquilambre, de tal forma que el territorio realengo quedó reducido a solo la Hermandad de las Regueras, formada por los pueblos más inmediatos a la ciudad de León. Las reformas liberales del siglo XIX pusieron fin a estas jurisdicciones concejiles, sustituidas por ayuntamientos constitucionales. Los dos creados a partir de 1835, los actuales municipios de Garrafe de Torío y Villaquilambre, se repartieron los pueblos de las antiguas jurisdicciones, muchos de los cuales conservan todavía en sus nombres su antigua pertenencia a las jurisdicciones de Torío o de las Regueras.
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José Antonio Martínez Reñones

Los nombres del León

ISBN: 978-84-7731-354-7
Formato: 17 x 24
Nº de páginas: 360
Encuadernación: Rústica con solapa
20,00€ IVA incluido 19,00€ IVA incluido
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LOS NIÑOS DEL HABANA LIBRE

ISBN: 978-84-12386387. Depósito Legal: 350-2021. Páginas: 172. Encudernación : rústica con solapas. ―Migue, perdona que te interrumpa en tu descanso, pero tienes que ver lo que encontré― le dijo el empleado al responsable del mantenimiento de las zonas comunes del hotel entregándole un cartucho oxidado de balas de una pistola Makarov que acababa de encontrar en un recoveco del segundo piso. Miguel detuvo de inmediato su merienda y llevó el hallazgo a la administración del Hotel. Cuando se presentó la policía les comentó que en el lugar donde el empleado lo había encontrado no accedía ni personal de servicio ni de cocina ni camareros. Entonces el administrador, que era sobrino del anterior administrador de apellido Zorrilla, pensó que no era del todo exacto. Recordó que su tío le había contado que unas décadas atrás, cuando el hotel estaba completamente habitado por exiliados del mundo en revoluciones, corresponsales de prensa y otros extranjeros que recalaron en Cuba en los turbulentos años de las décadas 60 y 70, una pandilla de niños, hijos de aquellos exiliados, exploraron el hotel de arriba abajo en sus juegos y travesuras, y fueron quienes descubrieron el pasadizo que llevaba al recoveco donde se había encontrado el peine del arma. La policía preguntó un poco acerca de aquellos niños, de sus familias, el administrador les dijo que eran de distintas partes del mundo, les comentó que en el inicio de la revolución el hotel estuvo ocupado por los rebeldes, el propio Fidel habitaba una suite en los pisos superiores y allí tenía su oficina, la policía pensó que aquel cartucho podría ser de cualquiera de los rebeldes, lo que no entendían es de qué modo habría llegado allí, solo, sin el cuerpo metálico que le otorga sentido, el administrador se encogió de hombros, el oficial de policía viendo que no había mucho más que interrogar dada la cantidad de tiempo que había pasado evidenciado por su óxido desde que, quien fuese, arrojase o perdiese ese cartucho en aquel agujero, se despidió llevándose el cargador como prueba a la estación de la PNR.
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